martes, 12 de septiembre de 2017

Los agujeros del informe de la ONU sobre el ataque químico en Siria

El informe que ha llevado a cabo la OIAC para la ONU sobre el ataque químico del 4 de abril en Jan Sheijun, imputado al ejército regular, tiene más agujeros que un colador y el periodista estadounidense Robery Parry ha encontrado otro más (*) que merece la pena consignar porque transmite información bastante detallada de la manera en que se fabrican este tipo de montajes.

Dice Parry que hay dos grupos de expertos que han llevado a cabo la investigación y que entre ambos hay una contradicción, a pesar de que los dos se afanaron en cargar la responsabilidad sobre el gobierno de Damasco.

Uno de los grupos asegura que no se detectó que ningún avión del ejército regular despegara en la mañana del 4 de abril del aeródromo de Shayrat para bombardear Jan Sheijun durante el alba.

“Dos personas interrogadas por la OIAC han afirmado que la mañana del 4 de abril el sistema de alerta rápida no emitió ninguna advertencia entre las 11 y las 11,30 horas y que hasta entonces no vieron ningún avión”, dice el informe aprobado por la ONU.

El que se difundió el miércoles dice todo lo contrario y se apoya en los testimonios de los yihadistas del Frente Al-Nosra presentes en Jan Sheijun, según los cuales escucharon una advertencia 20 minutos antes de la llegada de un avión hacia las 6,45 de la madrugada.

El ataque químico logró que Trump replicara al ejército regular bombardeando la base aérea de Shayrat con misiles dos días después, matando a nueve civiles, de ellos cuatro niños que vivían cerca, y varios soldados.

El informe filtrado la semana pasada no tiene en cuenta siquiera la posibilidad de que hayan sido los yihadistas quienes realizaran el ataque con gas sarín que mató a decenas de personas, entre ellas varios niños y que el motivo de ello fue el anunció previo del gobierno de Trump de que ya no perseguía cambiar el gobierno de Damasco.

El montaje del ataque químico a Al-Tamanah

La OIAC no se plantea la hipótesis que pudiera ser un montaje yihadista a pesar de que antes se habían descubierto pruebas de otro supuesto ataque químico en la ciudad de Al-Tamanah durante la noche del 29 al 30 de abril de 2014, también controlada por los mismos yihadistas, que se imputó falsamente al gobierno.

Aquel asunto acabó de la peor manera para la escuálida credibilidad de la OIAC, que dio muestras de su impaciencia por presentar su informe acusando al gobierno sirio, justo en el momento en el que se presentaron los vecinos de la población para decir que el supuesto ataque de abril de 2014 era un invento.

“Siete testigos han declarado que se emitieron frecuentes alertas [respecto a un ataque inminente por el gobierno con armas de cloro] pero que no había habido ningún incidente químico”, constató finalmente el informe de la OIAC. Los testigos “se presentaron para contestar a las falsas informaciones difundiudas por los medios”, concluye.

Era evidente que quienes habían denunciado el ataque químico de Al-Tamanah presentaron pruebas falsas, como también reconoció el informe: “Tres testigos que no dieron ninguna descripción del incidente el 29 y 30 de abril de 2014, aportaron fuentes desconocidas. Un testigo que conoció dos de los cinco incidentes de Al-Tamanah, no se acordaba de las fechas exactas. Más tarde este testigo proporcionó una llave usb conteniendo informaciones de origen desconocido, que fueron guardadas en archivos distintos según las fechas de los cinco incidentes mecionados por la FFM”, siglas que corresponden a la delegación de establecimiento de los hechos de la ONU.

“Otro testigo proporcionó las fechas de los cinco incidentes leyéndolos en una hoja de papel, pero no suministró ningún testimonio sobre el incidente del 29 al 30 de abril de 2014. Este último entregó un vídeo titulado ‘Lugar en el que un segundo barril conteniendo gas de cloro tóxico fue lanzado sobre Al-Tamanah el 30 de abril de 2014’”, continúa el informe.

Después de analizar sus deposiciones, el informe detectó que todos los testigos eran igualmente falsos. Algunos de ellos dijeron a la OIAC que sabían que se trataba de un ataque químico por el sonido de los barrilles de cloro al caer desde los aviones.

El informe dice: “El testigo ocular que declaró estar sobre el tejado, dice que oyó u helicóptero y el ruido ‘muy fuerte’ de un barril que cae. Algunas de las personas interrogadas aludieron a un silbido distinto de los barriles conteniendo cloro al caer. La deposición no se ha podido confirmar por ninguna otra información”.

La única consecuencia lógica es que el ataque con cloro era una puesta en escena de los yihadistas y que sus partidarios habían mentido a los investigadores de la OIAC para indisponer a la opinión pública mundial contra el gobierno de Al-Assad.

La coordinación de la campaña de propaganda con los testimonios repletos de datos para que las historias parecieran convincentes, sugiere un plan premeditado y organizado, y no solamente un acto aislado de algunos individuos.

Ataques químicos coordinados con decisiones políticas

El hundimiento del incidente más conocido, el ataque con gas sarín contra la Ghouta oriental, en el extrarradio de Damasco, el 21 de agosto de 2013, que causó centenares de muertos y se imputó al gobierno, fue una trampa de Al-Qaeda destinada a que Obama pudiera presentar una excusa, al estilo de las armas de destrucción masiva, para invadir Siria.

Este último asunto ya está sobradamente demostrado, por lo que el fraude hubiera sido otro importante dato que la OIAC tuvo que tener en cuenta como precedente de los montajes de los yihadistas y su coordinación con los planes de guerra.

El ataque de Jan Sheijun se produce en el momento en el que, una vez en la Casa Blaca, Trump abandona el propósito de derrocar a Bashar Al-Assad y combatir al Califato Islámico. Entonces los yihadistas se batían en retirada en la mayor parte de Siria. No había ningún motivo para que el gobierno de Damasco decidiera recurrir a las armas tóxicas contra una población que no desempeñaba ningún papel estratégico en la guerra.

Las armas químicas, tanto el cloro como el sarín, tienen una eficacia mínima en las ciudades. No pueden matar a mucha gente. Cualquier militar sabe que en Siria su uso ha sido puramente propagandístico, de cara a que los medios internacionales puedan llenar sus portadas contra Bashar Al-Assad y justificar la guerra desatada por el bando yihadista.

Pero en su artículo Parry va mucho más allá, asegurando que el ataque químico de Jan Sheijun partió de un dron que despegó de una base de utilización conjunta israelo-saudí situada en Jordania coordinado por un ataque en tierra de los yihadistas.

Los sirios y rusos, añade Parry, parecieron quedar sopredendidos por el ataque, lo que explicaría que el caza de la aviación siria que al mediodía trató de bombardear una reunión yihadista de alto nivel en Jai Sheijun provocara accidentalmente la explosión en cadena del gas sarín que los yihadistas tenían almacenado.

Pero temporalmente no es posible relacionar el ataque químico, que se produjo al alba, con el vuelo del caza sirio al mediodía, como apuntaron algunos medios en su momento, incluso con el propósito de buscar una disculpa a favor del gobierno sirio, ya que la explosión hubiera sido accidental.

El informe de la OIAC mantiene esa misma confusión para llevar a agua al molino yihadista. De esa manera se demuestra que un caza sirio había despegado de la base de Shayrat... al menos cuatro horas después del bombardeo.

(*) https://consortiumnews.com/2017/09/07/a-new-hole-in-syria-sarin-certainty/

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