lunes, 9 de octubre de 2017

El maccarhysmo de nuevo cuño vuelve a quedar en evidencia

A más de un lector el artículo que sigue a continuación le parecerá repetido, que ya lo ha leído, más de lo mismo, pero no es así. Lo que ocurre es que la intoxicación funciona por exceso, por esa abundancia de que “cuando el río suena...”

El viernes la prensa volvió a la carga en Estados Unidos con titulares como éste de USA Today: “Los rusos intentaron piratear los sistemas electorales en 21 Estados en vísperas de las elecciones presidenciales del año pasado, según han declarado varios funcionarios” del Departamento de Interior.

En efecto, suena aburrido, pero los que se tragan los noticiarios están absolutamente convencidos de ello y nada les resultaría menos extraño que la consecuencia lógica de ello: las elecciones presidenciales son nulas; Trump no es presidente.

Algunos, como la cadena por cable MSNBC, se indigna y levanta la voz: el Departamento de Interior lo sabía desde el mes de junio y no nos ha dicho nada hasta ahora. Trump les está ocultando a los votantes la piratería rusa.

La noticia vuelve a ser falsa, como no podía ser de otra manera. Uno de los Estados cuyos sistemas informáticos fueron pirateados es Winsconsin y la Associates Press ya ha desmentido las informaciones del Deparamento de Interior: al menos en ese Estado no hubo ninguna tentativa de pirateo.

A partir de ahí el portavoz del Departamento empieza a babosear: tienen pruebas de que los sistemas informáticos habían sido pirateados, pero no puede asegurar que eso haya tenido alguna relación con las elecciones presidenciales.

No obstante, la mentira es más gruesa aún: el administrador electoral de Winsconsin, Michael Haas, asegura que el Departamento de Interior le había asegurado que en su Estado no había habido ningún intento de intrusión informática.

A partir de entonces, al racimo se le empezaron a caer las uvas una a una. Otro de los Estados pirateados, California, dijo que tampoco habían padecido ninguna clase de piratería informática durante las elecciones.

Puestos ha sacar las trolas de los medios convencionales al aire contaremos algunas más. En junio tres periodistas de la CNN tuvieron que dimitir por reincidir en los bulos contra Rusia. La “noticia” aseguraba que un consejero de Trump, Anthony Scaramucci, mantenía relación con un fondo de inversiones.

Naturalmente el fondo era ruso porque si fuera francés, no habría ninguna noticia. Sería de lo más normal.

Más chorradas de la prensa. El Washington Post publicó que Rusia había pirateado la red eléctrica de Estados Unidos, una “noticia” a partir de la cual los cretinos de políticos de Washington empezaron a decir que lo que pretendía Putin era apagar las calefacciones para que la sufrida población norteamericana pasara frío en invierno.

Otra: el New York Times asevera que “los rusos” han utilizado Twitter para manipular la política de Washington y para demostrarlo se remiten a la opinión de un grupo que se ha creado hace dos meses, la Alianza para una Democracia Asegurada, del que forman parte sujetos tan execrables como Mike Morell, el antiguo director de la CIA.

Conclusión: los mentirosos profesionales se han convertido en fuente (naturalmente de la máxima fiabilidad para el New York Times).

La prensa está divulgando una lista negra de sitios de internet que son altavoces del Kremlin, como Drudge Report y, naturalmente, WikiLeaks, como aseguró The Guardian antes de lavarse su sucia boca de perro.

La conocida revista Fortune afirma que la bestia negra, la cadena Russia Today, ha tomado el control del archivo de vídeo C-Span.

Otra perla: Slate asegura que Trump ha creado un servidor secreto con un banco ruso.

¿Hace falta enumerar otra vez los desmentidos que fueron apareciendo?, ¿hace falta recordar que “quien golpea primero golpea dos veces”?, ¿que los desmentidos no sirven para nada?

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